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RESIDENCIA 02
 RAICES INCIERTAS 

PRIMER ACTO

Tomás se apropia de las paredes de la sala, escribe con lápiz carbón la raíz latina de las palabras seleccionadas del libro Líquenes de Kurt Folch.

SEGUNDO ACTO

Con pincel y tinta china negra transcribe al español las palabras seleccionadas sobre papel canario.

TERCER ACTO

Los pliegos los adhiere a la misma pared intervenida con lápiz, la transparencia del papel trasluce la raíz latina creando una textura visual muy delicada.

 

CUARTO ACTO 

En la pared de al frente a modo de diálogo escribe constelaciones de palabras asociadas.

 

QUINTO ACTO 

A los pies del mismo muro ,posa el pliego de papel canario sobre un pañuelo de seda blanca, evocando la imagen de palabras caídas que pierden sus raíces y el regreso a la fuente originaria de materiales y caligrafía.

 

SEXTO ACTO

En una tercera pared que esta iluminada por una ampolleta adherida a un soquete. Tomás de forma natural  incorpora estos elementos a un esquema donde dibuja y escribe las raíces inciertas del libro Líquenes, como conchales y roquerío. Palabras que vincula a  la identidad del ser y nuestra demografía.

 

SEPTIMO ACTO

En el centro de la sala monta un mesón de 1 m 50 cm  de ancho por  2 m de largo, donde vierte veinte kilos de turba. Entierra sobres blancos contenido con hojas de un diccionario etimológico que han sido manipuladas químicamente para que tomen color arqueológico, escribe las raíces inciertas y palabras caídas, con la cinta bicolor de la máquina de escribir,

                                                                               OCTAVO ACTO

Tomás se aventura a buscar las hojas enterradas humedecidas ya por la turba. Las que encuentra las leen en voz alta, algunas las libera de sus sobres, otras casi, otras no. Algunos sobres quedan enterrados y otros se vuelven a enterrar, en signo de que las raíces no han florecido aún.

NOVENO ACTO

Después de dos días aparecen brotes.

RAICES INCIERTAS    TOMAS BROWNE 

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Fotografía, video y sonido :

Rodrigo Gomez Rovira ,Tomás Browne y Anamaria Briede W.

 

Edición video :

Manuela Tromben y Anamaría Briede W.

Sonidos:

Voz Tomas Browne, Sound track de Toru Takemitsu, Pasos Teo Gomez Briede, Vertiente de La Campana.

Realización montaje:

Anamaría Briede W en colaboración con Tomás Browne.

Duración de 4´33.

Unclear roots

 

Poetical Fact 1

 

Tomás writes over the room’s walls with carbon pencil the Latin roots of some words taken from the poetry book Líquenes by Kurt Folch.

 

Poetical Fact 2

 

He transcribes the roots into Spanish with Japanese paint brushes and Indian ink. He does this on translucent paper.

 

Poetical Fact 3

 

Then he attaches this paper to the written wall: there is a fragile but beautiful visual effect to see the Latin roots through the Spanish words.

 

Poetical Fact 4

 

He writes more Latin roots from Líquenes over the wall in front. These roots are divided in groups and they are connected with the words in the first wall.

 

Poetical Fact 5

 

He transcribes some of these roots into Spanish words over translucent paper. This is placed on a white silk cloak at the bottom of the wall to evoke words falling and losing its roots. It is also a return to the origin of simple but precious materials and calligraphy.

 

 

Poetical Fact 6

 

There is a third wall with a light bulb, little nails and a painted frame. In it, Tomás writes the unclear roots, like conchal, bosque and roquerío, and he tries to tie them up to the little nails, because these words make reference to our South American being and geography.

 

Poetical Fact 7

 

A table of 1.50 meters wide, 2 meters long, is mounted in the middle of the room. The artist throws twenty kilos of compost over this table. Then he buries several envelopes in the compost. Inside them there are rusty pages from an etymological dictionary in which Tomás wrote (with a bicolor ribbon in a typewriter) the unclear roots and the falling words from poetical fact 5.

Poetical Fact 8

 

Tomás starts to find these buried and wet envelopes in the compost.  He brings back some of the envelopes to read loud the words inside them. But other envelopes can either keep buried or half-buried. Also, he can either put envelopes or its pages back into the compost, as a sign some roots need to be longer there to flourish.

 

Poetical Fact 9

 

During the first week, tender sprouts spring up.

ACERCA DE RAICES INCIERTAS DE TOMAS BROWNE

Por Kurt Folch 

En el 2016 Browne expuso en La Galería (Punta Arenas) Antropocéano paran nuevo herbario marino una serie de laminas cuya composición gráfica nos remitía a la investigación científica. Las imágenes consistían en fragmentos de luche, lugas, plástico, acompañadas de tablas, gráficos y nomenclatura específica. El trabajo era fruto de su investigación sobre la basura marina, visibilizando la grave contaminación por microplásticos depositados en las orillas del Estrecho de Magallanes. Existe, creo, una relación no tan lejana entre Antropocéano y Raíces inciertas. Sus diferencias materiales incluso acentúan el parentesco.

La residencia limachina tiene su origen en la lectura que hace Browne del poemario Líquenes[1]. Browne tomó del libro un conjunto de palabras, o más bien un particulado lingüístico que funciona como un sistema de relaciones (imagines y metáforas) específicas, que intenta alcanzar la intuición de una forma medular, incluso mas allá de la memoria. A partir de la lectura, se depositaron en la percepción de Browne, en su mente-ojo-oído, las formas residuales de ese residuo que, ya doblemente decantado, debiera entregarnos una imagen más refinada y más tenue de posibles formas elementales, comunes, constantes. Al ser Browne poeta, resulta natural su sensibilidad para el lenguaje. Las sílabas y las palabras son la economía y la estética fundamental del poeta, porque con ellos se configuran las imágenes (mutables) de una forma de pensar. Las configuraciones o diagramas/mapas conceptuales, son “un patrón repetible de actividad neuronal”[2], que intenta, en tanto poema, llegar al borde de su capacidad expresiva.

En este caso, Tomás considera las palabras, y su organización, como semillas de metáforas para nombrar la materia desde sus raíces. Para esto se necesita ir hasta el fondo de las posibilidades de la materialidad que se ofrece: los sonidos y la escritura; la capacidad evocativa; el conflicto entre registro/representación e intuición, que apunta a una experiencia distinta de la referencia. Esto es posible porque la palabra es la tierra de y para  su propia semilla. La imagen que proyecta una palabra sigue el sentido de una mutación sin fin. Lo que escucho y miro es un decir-semilla-palabra-imagen en la turba de la mente. La escritura (líquen) da paso a la lectura (raíz) y ésta al proceso de germinación de semillas.

Pero el líquen no tiene raíz, apenas rizoides para aferrarse a la piedra o la corteza. Así, por sobre los patrones del libro, Tomás superpone sus Raíces inciertas. Las palabras se desplazan hacia otra orbita, bajo otra óptica. Pasamos de la forma irregular superficial del líquen, a la trama de la radix-raíz, extensión de la vida latente de la semilla, que se arraiga y germina en la turba (en la memoria, en la mente) partiendo la tierra y la roca, en la oscuridad de la materia compuesta por los restos materiales de su propio origen. Se abre ante uno, entonces, una interzona o una red de nódulos entre orillas opuestas. La palabra-semilla-imagen cae en el humus del pensamiento, al azar de un patrón orgánico, el de los flujos de asociaciones de la conciencia (y del sueño). En la percepción de estos patrones resulta fundamental la austeridad con que el trabajo fue realizado.  Raíces inciertas es, en términos de recursos, un montaje engañosamente simple. Las palabras no acompañan ninguna imagen, las palabras son las imágenes. Esta “crudeza”, de cierta manera, evoca la precisión y claridad científica de las láminas que Tomas presentó en Punta Arenas. A través de la escritura imprenta y manuscrita (caligrafía de claridad casi escolar) en las paredes de una sala del taller, y sobre papeles de distinto tipo y tamaño, se proyectan los diagramas o mapas conceptuales, y sus transformaciones, como vectores que solo uno, ante sí,  puede descubrir. En papel hay dos capas de escritura, una sobre la otra. La de abajo es la raíz filológica de la palabra superior. Al ojo la raíz parece un fantasma translúcido, trazos de un origen, de la raíz. Asimismo, a un costado de la misma sala, se encuentra una mesa cubierta de turba y en ella se han enterrado (sembrado) sobres con combinaciones del mismo vocabulario sobre hojas de papel manchado de humedad y óxido.

De esta manera Tomás no solo se refiere a la nobleza de cierta artesanía, a la voluntad del hacer, de proyectar una visión personal con las herramientas que se tienen a mano, sino que apunta, a través de dispositivos lingüísticos, a la conjunción del ojo y el oído en el fondo abisal de la mente que sostiene el imparable flujo del pensamiento. La disposición de las combinaciones verbales equivale a granular la red de posibilidades, recoger ciertas palabras como el extremo de una raíz incierta que se abre (o no) camino en la médula (turba-memoria) del pensamiento. Lo que surge de pronto es la forma de la mancha en la pared, de la nube de polvo, acumulación de la borra del tiempo, el légamo y el cristal de las palabras consumidas, gastadas. En ese sedimento se depositan los detritos particulados de las imágenes cuyo principio poético activo es el de tensar al máximo las relaciones entre un número acotado de elementos, que así sometidos a la alta presión de la imagen poética, alcanzan la transparencia o el relumbre de la intuición, que es raíz, también, de la metáfora.

Y en este punto se reconoce el vínculo entre Líquenes y Raíces inciertas, un lenguaje que no ofrece resistencia, que ceder inmediatamente al contacto de la mente y el pensamiento de cualquiera. La erosión/transformación de la atención sobre las cosas: un sujeto invisible.

[1] Folch, Kurt. Líquenes. Santiago: Libros la Calabaza del Diablo, 2014.

[2] deBono, Edward. Lateral thinking. New York: Penguin, 1979.

RAICES INCIERTAS

Por Trinidad Silva

 

Alarido, alquimia, añicos, balde, cable, caracol, cigarro, coche, chichón, chiripa, chisme, estropajo, flecha, fricasé, garbanzo, gato, látigo, loco, mazamorra, merengue, mueca, pantufla, papagayo, peldaño, perro, pestaña, pícaro, roca, sapo, seda, sobaco, soponcio, susto, tarugo, tecla, tertulia, títere, trifulca, tripa, zapato. Esto, que a primera vista parece la combinación de un inventario de supermercado, una lista de atributos físicos y una introspección de estados emocionales, es una selección de palabras de origen incierto. Llama la atención que no sepamos el origen de las voces “gato” y “perro”, cuando son unas de las primeras que aprendemos cuando comenzamos a hablar. Pareciera darle misterio a lo que no es digno de misterio. No llama así la atención que desconozcamos el origen de palabras como “merengue”, “mazamorra” o “soponcio”, pues, en realidad, no sabemos ni siquiera lo que son; estas resisten cualquier forma de conceptualización y análisis. Por otro lado, en el caso de “chiripa”, “trifulca” y “estropajo”, pero sobre todo de “pantufla”, pareciera que no hay nada que el conocimiento de su etimología podría añadir a su comprensión. Su nombre lo dice y lo explica todo. Una pantufla es una pantufla. Y punto. Reconstruir el origen desvirtuaría su significado; distorsionaría nuestra percepción de una pantufla. Imaginemos que por análisis comparativo los lingüistas fueran capaces de reconstruir la raíz ancestral de “pantufla” y diéramos con el indoeuropeo *pant- o peor, con algo como *pah2; sería deshacer la pantufla, convertirla en una suela o un pedazo de cuero. Pero quizás lo más fascinante de las palabras inciertas es la especulación con la que se aventuran filólogos y lingüistas. Esto pasa, por ejemplo, con la palabra “chisme”. Esta palabra tiene dos orígenes hipotéticos. Uno dice que viene del griego schizein que significa 'dividir', pues el chisme tendría el efecto de dividir a la gente. El otro dice que viene del latín cimex, que significa ‘insecto’ o 'chinche', porque el chisme sería algo insignificante o despreciable. Y es entonces cuando los filólogos tiene que pensar profundamente en la naturaleza del chisme o en la dignidad de un insecto. Así, la incertidumbre del origen burla todo intento de seriedad de aquellos que quieren sistematizar el lenguaje. Pero hay algo profundamente digno acerca de estas palabras. Tal como aquellas señoras que no quieren revelar su edad, ellas mantienen en secreto su historia. Nosotros seguimos pensando en ellas.

A LA TURBA

Por Javier Correa  

 

La escritura como acto es distinta de la escritura como discurso,

De allí una incertidumbre que, nos atrevemos a aventurar, no encuentra consuelo en la hoja; ella aquí es velo, turba.

 

Esta acción de separarse pareciera dejar en nostalgia a quien intente recorrerla, como si de ella debiera extraer una certeza;

raíces inciertas entonces.

 

No debiera alejarnos, ya en su más incipiente aparición la palabra es desprendimiento:

la roca que se separa del agua

la orilla que retrocede en la marea

la espuma que no es devuelta al mar

 

A su pesar y al nuestro.

 

Límites variables, casi imposibles; coincidencias ocurriendo en intervalos que se alejan o acercan sin que lleguemos a calcularlos.

Pero ocurre que la mano, en el instante de su movimiento, mientras signa esas grafías, fuera algo así como la atadura del evento; quizás.

¿No hemos deseado desde hace tanto que aquello ocurra? Y volvemos a insistir.

No pareciera alejarnos.

 

Se nos presenta como aquellas imágenes de los copistas de escrituras, toda la tensión del cuerpo puesta en esa meditación que preserva.

Es la turba que da lugar al brote.